Un negro revienta a mamá

8 de mayo de 2008

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A mi madre la recalientan las pollas negras, no en vano esconde en su cuarto un dildo enorme en forma de poronga negra que utiliza durante las largas ausencias de mi padre por motivo de trabajo. Ayer tarde yo guardaba cama por una gripe y no había ido al colegio y mamá me hacía compañía en mi dormitorio cuando divisó por la ventana que se había instalado en el mercadillo de la calle un vendedor senegalés con CD y DVD piratas. Con el pretexto de que quería regalarme uu disco o película, mamá se asomó a la ventana y le hizo una seña para que subiese. Me dijo que no me levantase de cama bajo ningún pretexto, pues podía empeorar de mi enfermedad, me cerró la puerta de la haitación y se fue a atender al vendedor ambulante.

Al poco ya estaban instalados frente la televisión, pues mamá quiso asegurarse de la calidad de las películas. Lo que quería en realidad, la muy reputa, era asegurarse de la calidad de la polla del negro. Así que, cuando me levanté de la cama para ir a orinar, me la encontré arrodillada ante el gigantón y tragándose una verga descomunal mientras le acariciaba unos huevos como melones.El negro era un joven de complexión atlética, de más de dos metros de altura y con piel muy oscura. Tan entusiasmados estaban que no se percataron de mi presencia … Lo bueno vino cuando mamá se desnudó y obligó al negro a hacer lo mismo. Este se tumbó sobre el sofá con aquel pollón de 30 ctms enhiesto y duro e intentó metérselo en la concha. Pero aquel glande gordo y reluciente no entraba a pesar de que mamá estaba lubricada con sus propios jugos que chorreaban por sus muslos. El negro empezó a decir algo en su idioma, parecía enfadado … Entonces viendo que su verga no entraba en la conchita de la mujer blanca, se levantó de golpe, la agarró y la tumbó sobre el sofa con violencia. Sin contemplaciones, le abrió bien las piernas y llevó su polla a la vagina y con un golpe seco se la metió toda entera, hasta los mismísimos cojones. Mamá empezó a gritar y a pedir auxilio. Me llamó desesperada para que la socorriese, pero yo estaba tras la puerta entreabierta como pegado al suelo de la impresión y el morbo que me daba todo aquello. El negro empezó a bombear al tiempo que le magreaba las tetas hasta hacerle daño; luego le mordió los pezones. Mamá dejó de gimotear de repente como si su dolor se trasformase en placer y atenazó con sus piernas el culo del negro para sentir bien adentro aquel miembro. El senegalés, tras unas cuantas embestidas vació toda su leche dentro. Al sacar aquella verga grande y venosa borbotones de semen empezaron a salir del coño de mamá mezclados con hilillos de sangre. El negro se recompuso, se vistió rápido, recogió su mercancia y desapareció. Yo escondido tras la cortina contemple a mi madre toda espatarrada con el coño en carne viva y derramando abundante lefada y con unos cuantos meneos en mi pijita me corrí por vez primera en mi vida. Fue entonces cuando me acerqué a ella para auxiliarla. La muy zorra tenía una cara de satisfacción y dolor al mismo tiempo. Se tapó como pudo su desnudez y me dijo: – Hijito, he tenido un accidente al tropezar con la mesita, he de ir al hospital. Llama a un taxi, por favor. Cuando llegó al hospital el médico de urgencias tuvo que darle cinco puntos de sutura en la concha. El senegalés le había desgarrado la chucha con su pollón largo y gordo… así consta en el parte médico que acabo de leer a escondidas. No sé qué le habrá contado al doctor para justificar esa herida, pero estaré atento a lo que le cuenta a papá mañana, que regresa de su viaje tras un mes de ausencia y vendrá salido como un animal para follarla hasta reventar.


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